Primero, debo reconocer que seguramente el título les parecerá, como mínimo, algo confuso. Ruego paciencia para dejarme entrar rápidamente en las definiciones que lo aclaren y a todos nos permitan entenderlo mejor. Segundo, voy a tratar de mantener un estilo coloquial y casi intimista. Esto no es un tratado científico. Es casi una charla entre amigos, café de por medio. El objetivo que me propongo es exponer ante ustedes un nuevo “modelo cosmogónico”. Alto: esta enunciación que acabo de presentar, y para que no contradiga las últimas afirmaciones del párrafo anterior, hace necesario que inicialmente defina clara y totalmente los términos que la componen. De atrás hacia adelante, decir que la cosmogonía son teorías sobre el comienzo y desarrollo de las cosas. Desde la vida y la existencia personal hasta el propio universo. No necesariamente mitos religiosos, que también forman parte del análisis, sino además teorías científicas sobre el origen y evolución de todo eso que llamamos, y nos incluye, cosmos. Esas explicaciones ensayadas constituyen lo que llamamos cosmogonía. Exponer el inicio, progreso y final de toda la “creación” o revelar las razones últimas de la “existencia” es el objetivo de toda buena teoría cosmogónica. Ya volveré sobre estos conceptos. Lo siguiente parece más asequible para su definición, aunque como veremos también tiene sus enredos. Me refiero a los modelos. Un modelo es una representación mental más o menos sencilla de algo mucho más complicado. Es como un atajo cerebral. Hay hechos, procesos, eventos, realidades que nos rodean y nos abruman por no poder explicarlas cabalmente. Es este el terreno donde germinan los modelos. Nuestra mente resuelve la complejidad relacionando la observación con acontecimientos anteriores más simples. Así nacen las explicaciones especulativas condensadas en modelos. Un ejemplo. Lo que todos aprendimos en el colegio es pensar la estructura de los átomos como si fueran un diminuto sistema solar. Un núcleo central y electrones girando a su alrededor. Este modelo astronómico hoy sabemos que es absolutamente falso. La realidad física y atómica es muy distinta. No importa esa imprecisión. Y aquí aparece una de las características más importantes de la modelación: todos la entendemos y aceptamos como verdadera. Por favor retengan este concepto. Va a ser importante más adelante. Para que un modelo sea exitoso nosotros debemos pensar que es correcto y representa cabalmente la realidad. No importa lo alejado de ella que se encuentre. 2 A fuerza de ser estricto, también debería decir que, enfocado así, la religión y la propia esencia de dios es también un “modelo”. Ante una existencia rodeada de sucesos tan complejos e inaccesibles al limitado entendimiento humano, nuestros antepasados idearon modelos de espiritualidad (cada cultura y cada época a su manera) para tratar de entender su presencia en el mundo. Como pueden ver, los atajos mentales pueden girar hacia planos muy complejos. Otra característica muy importante de los modelos exitosos es que nos permiten inferir hechos o acontecimientos no observados, pero que pueden ser deducidos de las bases del propio modelo. Un ejemplo claro es la construcción de la tabla periódica de los elementos químicos. Cuando se empezó a formalizar (fines del siglo XIX) presentaba muchos “huecos”. Eran elementos aun no descubiertos. Y acá es cuando llega en auxilio la lógica subyacente. A partir del método propuesto en su construcción se empezaron a buscar otros elementos y rápidamente se hallaron los faltantes. Eso lo convierte en un modelo exitoso y aun vigente! Ya están presentados los requisitos para entender mejor la expresión “modelo cosmogónico”. Espero haber sido claro. Así que sin más preámbulos voy a presentarlo ante ustedes: Imaginen un gran depósito. Enorme. Infinito. Una cacerola cósmica que contiene toda la materia y la esencia para la existencia humana. Eso que llamamos humanidad comprendida entre las paredes de un continente inmaterial que la envuelve. Debajo de ese recipiente existe una fuente de fuerza vital. Una especie de hornalla que nos confiere toda la energía para nuestra existencia y desarrollo. Ya volveré mejor sobre el verdadero significado de esta olla, el líquido que la llena y su fuego. En el seno de ese caldo primordial, sometido a fuerzas cósmicas incomprensibles, de pronto, sin aviso, sin explicación nace azarosa una ampolla. Como si una parte mínima hubiera entrado en ebullición permitiendo formar una burbuja diminuta, apenas perceptible. Esa formación es mi propio ser. Lleva mi nombre. Así, en un hueco del líquido prodigioso y caliente de la existencia universal, se han alineado fuerzas que me preceden y dan lugar a una presencia que hoy considero propia. A partir de ese instante se me permitirá el recorrido ascendente por el recipiente que me contiene. He nacido como otra de las miles de burbujas que me rodean. Es cierto. Pero esta es mí burbuja, envuelve mi ser, me define y me concreta. Inmediatamente, con la formación de mi ser, empezó el camino hacia arriba de mi existencia. Por favor, vuelvan a leer el título y comprenderán hacia dónde me dirijo. Estoy recorriendo una trayectoria empinada por este líquido esencial llamado vida. El final del recorrido es claro para mí: la burbuja de mí ser en algún momento va a abandonar el recipiente. Muchas cosas me faltan comprender, aunque muchas otras me quedan más claras. Mientras mi ser, contenido en esa pompa que acabo de describir sube, en el recipiente me rodean y tocan otras burbujas. Son mis seres queridos, afectos, amigos y amores. Seres formados como yo al calor de una energía cuyo origen no comprendemos y con las que comparto el tránsito hacia el límite. Algunas abandonarán antes el líquido, otras después de mí. La ignorancia de la altura total del recipiente, o de la velocidad con la que llegaré al final para abandonarlo, hacen más reales y concretas estas ideas. 3 Y esto me lleva al siguiente paso. El interior de la película que me hace ser, el límite externo de mi burbuja contiene todo eso que llamamos ente. Soy el contenido de algo. Mi contenedor, los ingredientes internos y el orden con el que me formé me resumen. Y al final, llegado al término de mi existencia, todo ese contenido se dispersará por el cosmos en una chispa que se apagará súbitamente esparciendo mi materia y mi disposición interna para la misma. Volveré a ser elementos y conciencia desordenada. Mi burbuja dejará de existir como tal, aunque, quizás, su esencia vuelva al líquido primordial para formar otros nacimientos. ¿Yo, tal cual mi definición actual, podré volver a existir? Mi respuesta es que es tan improbable de que eso ocurra que hay que descartarlo por imposible. Solo en un hipotético Universo Infinito, volvería a producirse el milagro de mi existencia. Y con una paradoja adicional: en ese universo infinito, habría infinitas creaciones de mi ser. Ahora me quiero detener un poco en esa hornalla que transmite su energía al recipiente. Para muchos esta fuente tiene un nombre propio: Dios. No importa cómo se lo conciba (hay muchos modelos!) para los creyentes no se requiere explicación adicional. Sin embargo, puede que a algunos de nosotros no nos alcance esa definición. Para comprender mejor el fenómeno, analicemos algunas características de esta fuerza. Primero, es obvio que esta energía es externa a nosotros. No forma parte de ninguna burbuja. Todos hemos sido expuestos a su influencia y algunos de nosotros creemos comprenderla mejor que otros. Es lo que llamamos Fe. Segundo, es intemporal. Antecede a cada ser y seguirá allí después de la desaparición de cada pompa individual llamada vida. Tercero, es inaccesible a nuestro entendimiento. ¿Cómo esa organización de materia y conciencia, formada al azar y llamada ser, va a comprender la complejidad de su propia creación y de la energía que la generó? Solo nos queda idear modelos para hacerla asequible. Y volvemos nuevamente a la religión. El más antiguo y universal de los modelos cosmogónicos. Hasta aquí la presentación de mi modelo. Como mencioné más arriba, un modelo exitoso debe explicar las observaciones, ser aceptado por todos y además deducir fenómenos no detectados. ¿Esto hace permanente al modelo? No. Son condiciones necesarias pero no suficientes. Un modelo está vigente hasta que es reemplazado por otro, más completo, más aceptado, más admitido como explicación. A esta nueva e hipotética guía también le llegara el momento de ser desplazada. Ningún modelo es definitivo. Esta dinámica de sustitución es lo que impulsa el progreso humano. Este es mi humilde aporte. Me he cuidado mucho de no “bautizar” con un nombre a mi modelo. Lo hice para dejar a ustedes, lectores comprometidos, puedan nombrarlo a voluntad. Mientras tanto mi burbuja sigue subiendo, en este viaje que llamamos vida, hacia el final del recipiente. Siempre rodeada de las burbujas que me acompañan y que más amo.
ilbuonumore